Como cada jornada de esquí en mi casa, a las 5:00 tocó el despertador y comenzaron los preparativos para una jornada de esquí poco común.
A las 6:00 se emprendió el viaje en coche hacía Puigcerdá.
Llegamos a las 8:15, para recoger nuestros forfaits (entradas) que nos acreditaba para realizar la bajada de antorchas.
Según la página web del programa de televisión que organizaba el evento, Temps de Neu (TV 3), el forfait también servia para esquiar todo el día gratuitamente.
Sin embargo, una vez llegamos a la estación de esquí, no nos fiamos, y preguntamos si efectivamente servía para esquiar.
Curiosamente, después de que unos se pasaron la pelota de un tejado a otro, ese forfait no servía para poder esquiar, sino solo para realizar la bajada de antorchas, y teníamos que comprar otro forfait para esquiar.
Con estas noticias, lo tuvimos claro, no pagaremos 38 € cada uno, para esquiar un día que la estación está a reventar de gente y hacer colas.
Así que volvimos a bajar a Puigcerdá, donde vive mi tía/tío con mis primos, y pasamos la mañana y medio día ahí.
A las 15:30 volvimos a subir a La Masella, ya que a las 17:00 teníamos que estar presentes en la parte baja de la estación para que nos organizaran por grupos y sectores.
Una vez equipados, bien abrigados hasta las orejas y con doble capa por si acaso.
Fuimos a buscar nuestra pancarta que teníamos asignada según el forfait que teníamos, y que pertenecía al grupo de la Escuela de Esquí de Llívia, muy buena gente todos y muy cachondos.
A las 17:20 se reabrieron los remontadores y el TGV Masella (así se llama el que nos tocó a nosotros) nos subió a la parte de La Pleta, en el lateral izquierdo de la estación.
Así pues, desde las 17:30 hasta las 19:30 que a nuestro grupo nos tocó empezar a bajar pasaron dos horas.
¿Y que se hace durante 2 horas ahí arriba y de noche?
Beber cava, vino, galletas, chistes, bolas de nieve, pasar un frío de cojones, etc… (lo típico)
El proceso de la bajada era muy lento, con tranquilidad y sin prisas.
Así que teníamos tiempo de girarnos, mirar arriba y alucinar con la cola de fuego que nos seguía por nuestra pista, o por todas las pistas de la estación de esquí.
Sencillamente impresionante y con la piel de gallina.